domingo, 5 de noviembre de 2006

Aquí huele a...

En la pasada cena de los Viudos Negros, Javi comentó que al salir de casa por la mañana le había olido a mierda. Primero pensó que algo o alguien se había aliviado en las inmediaciones, cosa que descartó cuando siguió caminando. Era algo que estaba en el aire. Al escuchar la historia, Roque no pudo sino corroborarla, ya que por su casa también le llegaron esos olores.

No le dimos mayor importancia y seguimos comiendo, lo cual puede parecer un poco difícil por la naturaleza de la historia. Sin embargo ayer mi amiga Mari Carmen me contó que durante el miércoles y el jueves un barco cargado de vacas (y de cacas, se supone) había estado varado frente a la costa, de ahí la peste.

Como diría Gustavo, ‘y mi pregunta es:’ ¿cómo tienen que estar pasándolo los pobres marineros, que ni siquiera pudieron atracar en puerto para darse, nunca mejor dicho, un respiro? Una vez vi en un documental que el cerebro humano tiende a dejar de estimularse cuando se ve sometido durante mucho tiempo a olores fuertes. No me gustaría comprobarlo.

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